Siruela edita Solo para mujeres, de Clarice Lispector


Solo para mujeresEntre 1959 y 1961, Clarice Lispector utilizó los seudónimos Tereza Quadros, Helen Palmer y el de la actriz brasileña Ilka Soares para firmar los artículos que publicaba en diversos medios cariocas, los que este mes de setiembre aparecerán reunidos en el volumen titulado Sólo para mujeres. Consejos, recetas y secretos.

Sólo para mujeres, editado por Siruela con traducción de Elena Losada, reúne 290 crónicas publicadas tras el regreso de Lispector a Río de Janeiro. Recién divorciada, sus vivencias recientes en Washington —donde residió ocho años— están marcadas por el conservadurismo social de la década de los cincuenta en Estados Unidos; allí, precisamente, leyó abundante prensa femenina de la época, que resonará en sus propias columnas.

Clarice empezó a escribir en la prensa en 1940 –tres años antes de publicar su primera novela, Cerca del corazón salvaje–, colaborando de forma intermitente con periódicos y revistas hasta dos meses antes de su muerte, en 1977. Reunidos por primera vez en un libro, los textos de su fase inicial abordan los temas más diversos, desde la educación de los hijos a los tratamientos de belleza; de los remedios contra los ratones a la busca de la felicidad; de la elección de un perfume a los dilemas morales. Hablaba de todo, pasando de lo trivial a lo trascendental con desconcertante desenvoltura. Así, lo que encontramos aquí es otra faceta, poco conocida y estudiada, de Lispector. Una faceta que seguramente sorprenderá y encantará a quien se adentre en las páginas de este Correo femenino.

Clarice LispectorContinuación en cierta manera de Correo femenino, Sólo para mujeres recoge crónicasen las que aborda cuestiones relacionadas con la belleza, el amor, la maternidad y la vida doméstica. En este libro divertido y práctico, un auténtico almanaque de aquella época, la escritora nos muestra que, a pesar de las conquistas actuales de la mujer, la esencia femenina permanece siempre igual.

Clarice Lispector (Tchetchelnik, Ucrania, 1920-Río de Janeiro, 1977) sorprendió a la intelectualidad brasileña con la publicación en 1944 de su primer libro, Cerca del corazón salvaje, en el que desarrollaba el tema del despertar de una adolescente, y por el que recibió el premio de la Fundación Graça Aranha 1945. Lo que entonces se consideró una joven promesa de tan sólo 19 años, se convirtió en una de las más singulares representantes de las letras brasileñas, a cuya renovación contribuyó con títulos tan significativos como La hora de la estrella, Aprendizaje o el libro de los placeres o su obra póstuma Un soplo de vida, todos ellos publicados en Siruela.

Fragmento de los Consejos del libro Solo para mujeres, de Lispector (extraído de la web de los editores):

Apariencia: todo tiene remedio

¿Eres «moralmente» tan anticuada que consideras la vanidad
femenina una frivolidad? Ya deberías saber que las
mujeres quieren sentirse guapas para sentirse amadas. Y
querer sentirse amada no es una frivolidad.
Si piensas que «has nacido» así y que no tiene remedio,
ten la seguridad de que estás desistiendo de algo muy importante:
de tu propia capacidad de atraer. ¿Quieres saber
algo? La obesidad tiene remedio. El pelo sin vida tiene
remedio. Una cara sin gracia tiene remedio. Todo tiene remedio.
¿La solución? La solución es no ser una mujer desanimada
y triste. Y la otra solución es tener como objetivo ser «tú
misma», pero más atractiva, y no alcanzar un tipo de belleza
que nunca podría ser el tuyo.

Para no «parecer boba»

¿Nunca leíste de pequeña el cuento de una princesa
muy guapa pero que –por la maldición de un hada mala–
no podía abrir la boca sin que le saliesen sapos, lagartos y
ratones?
Pues la manera moderna de que salgan «sapos y culebras
» de la linda boca de una joven es decir muchas tonterías
con los labios perfectamente maquillados. Pero esto no
sucede por la maldición de un hada mala, sino por ignorancia,
por falta de cultura. Una de esas «princesas» modernas,
al escuchar una conversación sobre Hemingway, preguntó:
«¿Cuál es la última película que ha hecho?».
Leer es una costumbre que todo el mundo debería tener.
No queremos decir con eso que todos lean «cosas difíciles».
Incluso una revista bien informada –y bien leída– puede ser
una fuente de cultura que al menos evite «sapos y culebras».

¿Se puede amar sin admirar?

Se puede dar un amor natural, común. Se puede sentir
pena por una persona o atracción física hacia ella y engañarse
pensando que esa reacción es amor. Pero para que
exista el amor real es necesario admirar alguna cosa en él
o en ella. Theodore Reik cree que el «amor sólo es posible
cuando atribuyes un valor más alto al otro que a ti mismo,
cuando ves en ella o en él una personalidad que, por lo
menos en algún sentido, es superior a la tuya».

Fotografiamos para ti. La excéntrica

La vida no es cine, y es muy difícil «usar» la excentricidad.
La excentricidad es un deseo desesperado de agradar.
El instinto de las mujeres las avisa de «hasta dónde pueden
llegar» en su deseo de agradar. ¿Has pensado alguna vez en
el esfuerzo enorme que la excentricidad exige de una mujer?
Casi un esfuerzo físico para mantener algo antinatural.
Después de algunas horas se ve en el rostro de la excéntrica
su enorme cansancio, sus ganas de volver a casa…
¿Qué es la excentricidad? De manera general, la exageración.
¿A los hombres les gusta el perfume? La excéntrica
se baña en perfumes… ¿El escote es bonito? Ella entonces
se desnuda. ¿Entrar con seguridad en una sala es elegante?
Entonces vamos a hacer una entrada teatral. ¿La naturalidad
es agradable? Entonces vamos a fingir naturalidad
confundiéndola con la vulgaridad. ¿A los hombres les gusta
el «compañerismo»? Entonces vamos a beber como un
hombre, a decir palabrotas y a demostrar que estamos por
encima de esa cosa ridícula que es una mujer educada. La
excentricidad es un esfuerzo que termina en tristeza.

Hora y tiempo para todo

¿Por qué hay mujeres que nunca se acuerdan de mirar
el reloj cuando van a salir? Por eso es normal verlas, por
la mañana temprano, camino de la oficina, ya cargadas de
pinturas, joyas y perfumes, ostentando vistosos atuendos.
No notan el ridículo que hacen. Otras, exagerando lo que
pretenden que sea su «sencillez», se presentan en cualquier
lugar, en horario nocturno, a veces incluso en reuniones en
casas particulares, con sandalias, faldas y blusas deportivas,
cuando no con pantalones y los peinados menos indicados.
Una mujer elegante no hace esto. Para ésta el lugar y
la hora son factores importantes para la tarea de «vestirse
bien» y «presentarse bien». Tan importantes como la edad
en relación con la moda, el maquillaje y el peinado.
Si no quieres ser objeto de críticas irónicas, de risitas,
antes de empezar a arreglarte, antes de elegir el peinado y
el vestido que vas a llevar, mírate primero a ti misma: «¿qué
edad aparento?». Después tu tipo: «¿no estaré un poco gorda
(o delgada) para llevar esto?». Después el reloj. Todo
esto, claro, después de haber decidido si vas a un lugar donde
se exige ropa deportiva o traje de vestir.


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