Juan Gómez-Jurado: “Me gusta cuestionarlo todo”

Juan Gómez-Jurado nació “por error” –según afirma el propio autor– en Madrid, en 1977. Desde entonces, acabó la licenciatura en Ciencias de la Información y se desempeñó como periodista en diferentes medios del ámbito español: Canal Plus, Cadena SER, el diario ABC, la COPE, TVE y La Voz de Galicia, donde todavía tiene su columna de contraportada. Además colabora con las revistas Qué Leer y New York Times Books Review, portales web y programas de radio y televisión.

Debe su fama internacional a tres novelas: El emblema del traidor (Plaza & Janés, 2008), que obtuvo el VII Premio Internacional de Novela Ciudad de Torrevieja 2008 y en 2010 alcanzó los tres millones de ejemplares vendidos en todo el mundo; Contrato con Dios (El Andén, 2007), publicada en 35 países, y la primera: Espía de Dios (Roca Editorial, 2006), publicada hasta hoy en 42 países. También publicó un reportaje titulado La Masacre de Virginia Tech: Anatomía de una mente torturada (El Andén, 2007), fruto de uno de sus tantos viajes como reportero por EE.UU.

De acuerdo a sus propias palabras, disfruta ante todo de los libros, del cine y de la compañía de su familia: esposa y dos hijos. Y aunque se proclama “apolítico” (lo que él explica como que le interesa la política pero desconfía de los políticos), fue y es uno de los principales activistas contra la llamada Ley Sinde, aprobada recientemente por el Congreso español y que, básicamente, consiste en que el Estado ejerce el control arbitrario sobre qué se puede y qué no se puede descargar de la web, pudiendo incluso obligar al cierre de un sitio sin mediar la intervención de la justicia.

Aunque en ella también se abordan la literatura y sus obras, aquel fue el motivo de la entrevista con Gómez-Jurado realizada por ZL vía correo electrónico. Su artículo “La piratería no existe” resultó ser uno de los principales alegatos contra la mencionada ley y de los que tomaron mayor trascendencia mediática, al tratarse de un autor que ha vendido millones de ejemplares de sus libros alrededor del mundo. Ello le valió una polémica con Alejandro Sanz, quien lo retó a permitir la descarga gratuita de alguno de sus libros: “Si tienes cojones, regala uno de tus libros”, lo desafió el cantante vía Twitter…

Juan Gómez-Jurado

–Independientemente de la polémica con Alejandro Sanz y que tenga un fin benéfico, ¿piensas que lo recaudado en 1libro1euro.com prueba que aún voluntariamente, el consumidor está dispuesto a pagar un “precio razonable” por un servicio en internet antes que descargarlo “ilegalmente”?

–Estoy completamente convencido. Pienso que la industria y el público creen estar más alejados de lo que realmente están. La aparición de nuevos dispositivos y plataformas en Estados Unidos (Kindle, Netflix) y su éxito masivo prueba que esos comportamientos son replicables. Es fácil comprender el éxito de un aparato como el Kindle, que cuesta 180 dólares y te permite obtener instantáneamente novedades por 9 dólares en lugar de 18. Cualquier lector habitual intuye instantáneamente el beneficio: con 20 libros comprados ya habrá amortizado el aparato. El mayor problema que existe es que muchas personas en la industria creen que no se pueden competir con lo gratis, pero se equivocan. A lo gratis puede ganarle lo sencillo.

–La industria editorial parece ser una de las que más se resisten a las nuevas tecnologías, internet, etc., que implican nuevas formas de edición y venta. Llama la atención que, por ejemplo, un libro de papel tenga un precio 22 euros (por poner un ejemplo) y el mismo título en ebook se venda a 15 ó 16 euros, cuando en este último caso los costes de edición, venta y distribución sin infinitamente menores. ¿Cuáles crees que pueden ser las causas de tal resistencia?

–Las enormes estructuras que tienen muchas de ellas, el desconocimiento, el miedo… Una mezcla de muchos factores. Creo que basta una mirada a Estados Unidos, donde tantas librerías tradicionales que no han ampliado su negocio a lo digital, están cerrando o teniendo problemas, nos da una pista de lo que sucederá en el resto del mundo. Hay que abrazar modelos de negocio competitivos cuanto antes ahora que estamos a tiempo de crear el mercado. Si lo abandonamos en manos de la piratería -poniendo precios altos a lo electrónico- estamos hipotecando nuestro futuro.

–No soy pesimista con relación al futuro mediato… En lo inmediato, a muchos autores noveles y no tanto se les ha dado por la autoedición digital, con lo cual superan ese atraso de la industria con bastante éxito y, de hecho, a todo que mediaba su obra con el lector. Tenemos el caso -excepcional, por cierto- de Amanda Hocking, esa joven escritora norteamericana que, a través de Amazon, vende 100.000 ejemplares mensuales de sus obras a precios que van de 1 a 3 dólares. Existe un inconveniente real: en estos casos, el autor deberá ocuparse de algo más que escribir (por ejemplo, de maquetar su obra o conseguir quien lo haga), no obstante lo cual la autoedición aparece como una tendencia. ¿Qué opinas?

–Que en estos momentos pueden producirse casos muy extremos como ese, ya que estamos viviendo en tierra de frontera, una época idónea para los buscadores de oro. Cuando el modelo se estabilice pueden pasar dos cosas: la primera, que las grandes editoriales consigan establecer su dominio también en lo digital, con lo cual veremos una extensión en las listas digitales de lo que sucede en el papel. O bien los autores tomarán la iniciativa de lo digital y se producirán sorpresas. Cualquier cosa es posible a día de hoy.

–Durante la última FIL Guadalajara, el escritor y cineasta Fernando Vallejo dio una nueva vuelta de tuerca en la presunta polémica “libro tradicional vs. libro electrónico” al considerar que el ebook “matará” -dijo literalmente- al libro y al autor tradicional porque el lector podrá manipular la obra. ¿Qué piensas sobre el tema?

–En la antigüedad, los rapsodas eran los encargados de repetir las historias a su público. Es muy dudoso que la misma Odisea que escribió Homero sea la que nosotros conocemos, pero tal vez sea la mejor versión de ella. ¿Podrá darse el mismo caso? No, porque las fuentes están hoy en día más cerca que nunca, al mismo clic de distancia que se encuentran las posibles copias adulteradas.

En un artículo que escribí recientemente, planteaba lo interesante de aventurar que, quizá en un futuro no muy lejano, deberemos repensar lo que hoy conocemos como autor. Así como cada rapsoda daba su versión de una historia, cada lector podrá eventualmente “intervenir” una obra literaria original y ofrecer masivamente su propia versión… En ese artículo recordaba al Borges de “Pierre Menard, autor del Quijote”. ¿Qué piensas al respecto?

Supongo que si alguien partiese de una novela mía y la hiciese mejor, no me importaría en absoluto. ¡Siempre y cuando no le cambiase el nombre! Hablando más seriamente, los límites de la autoría son brumosos. En la literatura las historias están contaminadas por cientos de otras, hasta el punto que se pueden aislar los elementos individuales de un libro y trazar con ellos un mapa genómico literario. En mi novela Espía de Dios, Paola no lloraría junto al cadáver de su amigo en un monólogo interior si yo no hubiera leído Cinco horas con Mario, o la manera de fragmentar las líneas de tiempo y de usar distintos tipos de documentos no existiría si no hubiese leído el Ulises de Joyce. El título está sacado de una tragedia de Shakespeare, concretamente de una frase del Rey Lear. La base estructural parte de esquemas de Propp y de Campbell. Podría seguir así durante horas. Y sin embargo lo construido, al igual que las teselas de un mosaico, forma una imagen distinta a la de las piezas individuales. Es un thriller psicológico, literatura de evasión que pretendo sea de calidad. Si alguien modificase o añadiese teselas al mosaico, sin duda cambiaría la imagen. Cuántas habría que cambiar para que alguien pudiese quitar mi nombre y poner el suyo… pertenece al terreno de lo etéreo.

–Sin dudas, que un autor aspire hoy a la originalidad absoluta semeja una tarea imposible; como tú dices, el genoma de cualquier novela se halla en la literatura universal o, al menos, en la cultura adquirida de ese pretencioso autor, que hoy seguramente incluirá rasgos de todos los formatos culturales que conocemos: cine, televisión, medios, etc. No obstante, supongo que la pretensión de originalidad permanece… A la hora de escribir, ¿qué es lo que te inspira un tema o un argumento y qué lo que más ha influido sobre tu obra?

–Me apasiona la cantidad de maneras estúpidas en las que el ser humano puede hacerse daño a sí mismo y a otros. En ese sentido el conflicto entre la humanidad y sus principales enemigos (la religión, el mundo corporativo o la maquinaria estatal) son los temas que más me influyen. También muy especialmente las relaciones entre padres e hijos, la tecnología… y en todas mis historias subyace la idea de que la fuerza de voluntad de los justos es el único antídoto contra el avance del mal.

–Por lo que dices, lo que cuestiona tu literatura es la autoridad: Estado, corporaciones capitalistas, Iglesia, incluso la familia… De hecho, la iglesia como institución parece ser una de tus “víctimas”, supongo por la fuerte presencia política y social, en el caso de la católica, especialmente en España y América Latina, y, sobre todo, porque su historia y su presente se presta para ser fustigada firmemente. En este sentido, desde medios vinculados a la curia (Cope, donde creo has trabajado) se te ha pretendido criticar por “prenderte”, supuestamente, a la moda instaurada por Dan Brown y El código Da Vinci. ¿Qué dices al respecto?

–Me gusta cuestionarlo todo. Me cuesta más criticar a la familia, porque es lo único en lo que creo realmente, aunque es cierto que en mis novelas los protagonistas encuentran grandes conflictos dentro de sus grupos familiares. Pero también buscan a figuras paternas que les ayuden a salir de ellos y a resolver el nudo gordiano de la existencia. Sobre la Cope, poco tengo que decir. Fue un conflicto puntual con un presentador muy conocido que ya no trabaja allí.

–¿Qué hace de tus novelas “originales” o diferentes con relación al conjunto de la literatura de evasión o best-sellers, especialmente aquella de autores estadounidenses, quienes aparecen como especialistas en el tema?

–Yo siempre me he considerado -como autor- un americano que nació por error en España. Por suerte ese error me ha permitido darle un toque más europeo a mis novelas, lo que los estadounidenses llaman coloquialmente “the quality side”. Investigo muchísimo, e intento mantenerme lo más pegado posible a la realidad, incluso aunque a veces soy consciente de que perjudica un tanto la comerciabilidad del libro. No puedo hacer mucho mayor análisis… Simplemente intento contar las historias que me gustaría ver en las estanterías.

–A muchos autores latinoamericanos les pasa algo similar: o nacidos por error o involuntarios exiliados europeos –en estos casos– en Sudamérica… Particularmente, lo veo como un extraño fenómeno individual. ¿Se trata de una cuestión de contexto, de idioma? ¿Podrías ahondar un poco más sobre eso que te ocurre?

–No lo sé… Creo que tiene que ver mucho más con cómo se configura la personalidad. Yo no me reconozco en la mayoría de las obras creadas en mi país, y sí en muchas que se crean fuera de él. He dicho la mayoría, no todas. Supongo que en España hemos vivido un sarampión de literatura introspectiva que ha contribuido a alejar a muchos lectores del hábito desenfadado y placentero de la lectura.

–¿Qué autores norteamericanos te gustan especialmente? ¿Y entre los españoles y latinoamericanos…?

–La lista es interminable… Stephen King, Dennis Lehane, Douglas Preston, John Grisham… Allá donde muchos de los críticos ven novelas mal escritas yo veo historias fascinantes y apasionantes que me hubiera gustado contar. Así nace supongo la necesidad de contar. ¿Españoles y latinoamericanos? También hay muchos: Manel Loureiro, Pérez Reverte, Carlos Ruiz Zafón, Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Ernesto Sábato, Skármeta… Me dirás que no tiene la misma importancia La ciudad y los perros que Apocalipsis Z. Y yo te respondo ¿y por qué no? ¿Somos capaces de medir las obras literarias, en pleno siglo XXI, usando los mismos criterios que hace cincuenta años? ¿Acaso no es capaz Loureiro, haciendo de cronista del “abogado sin nombre”, de narrar una visión convulsa y atormentada de la condición humana? No creo que Vargas Llosa fuera capaz de escribir una novela de muertos vivientes, ni por supuesto Loureiro de escribir las que hace Vargas Llosa. Como tampoco creo que Picasso pudiera haber construido un coche a motor. Creo que lo que los críticos han denominado comúnmente “novela popular” juega en una liga distinta a la “novela literaria”, y tal vez deberíamos cuestionarnos acerca de la relevancia de cada una de ellas.

La última: en tu página de Wikipedia dice textualmente que “en la actualidad Gómez-Jurado está trabajando en una trama ambientada en el pasado de la que no ha trascendido ningún detalle, ni del tono ni del argumento”. ¿Podrías adelantarnos algo?

–Sobre la nueva novela te puedo adelantar que es un libro ambientado en el siglo XVI. Las dos primeras frases son: “Una manta de calor cubría la tierra. Los cascos de los caballos resonaban en el Camino Real”.


Bonus track: book trailer de El emblema del traidor:

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