cuentos

En llamas, cuento de Rafael F. Aguirre

05/08/2010

Llegamos a la ciudad donde nací, con la sensación que genera encontrar a los viejos amigos y buscando revivir aquellas fiestas. La carretera como siempre, benévola, le había servido de diversión al V8 del Charger 79 que conducía. Me acompañaba Eduardo, quien por entonces se mantenía cerca de mí debido a varias operaciones de negocios que habíamos decidido llevar a cabo, además, sabía cómo festejar, en realidad era por eso que venía conmigo. Cerca del centro de la ciudad, recogimos a David, mi primo, en el local donde ensayaba con su entonces banda de rock, él era indispensable para esa noche, de igual manera. Luego, a buscar a Rommel en un centro comercial, cerca de donde estaba David. Nos vimos en las escaleras eléctricas, yo descendía mientras él hacía lo contrario… Ver su rostro fue reconfortable, un amigo entre la hostil multitud, la sonrisa no se pudo ocultar y...

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Llueve, cuento de Cecilia Sarobe

05/08/2010

Llueve. Los sapitos están dele que dele croar, concierto de sonidos graves en los charcos. Algunos abren la boca y se la llenan de agua y luego simulan fuentes y se matan de risa. El retobado croa un ladrido de aquellos y se esconde en las hojas, casi emocionado. Yo dejo los estornudos debajo de la almohada y me subo al barquito a rescatar cascarudos dados vuelta y saltamontes fracturados. Me enrosco en el poncho color hoja de otoño y el viento que sopla fuerte me impulsa charco adentro. No llevo paraguas porque entorpece la vista aunque pienso que podría servir de vela, así que la próxima lluvia me lo traigo. Hasta ahora solo dos cascarudos yacían despatarrados y pude darlos vuelta en un santiamén. Lo que tienen estos bichitos es que son malhumorados y nunca te agradecen, pero no importa yo igual los quiero. Hay que aprender a...

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Baños árabes, cuento de Eva Gutierrez Pardina

05/08/2010

Aunque sólo son las nueve de la mañana, un sol de justicia castiga el asfalto en el barrio de Gracia de Barcelona. Es un calor húmedo y pesado, tan característico de las ciudades cercanas al mar, que inevitablemente seguirá in crescendo hasta alcanzar a mediodía, según advierte el telediario, temperaturas superiores a los 35 grados. Muchos de los residentes de Gracia abandonan sus casas en agosto para huir del calor, de los turistas y de los barceloneses que acuden masivamente a la Fiesta Mayor.  Pero en esto, como en tantas otras cosas, Paola y Lorena actúan de espaldas a la mayoría. Aunque se ausentan del barrio durante el mes de julio – las puestas de sol desde el apartamento en Mallorca son espectaculares en esta época del año- , regresan cada 16 de agosto al piso que comparten en la calle Gran de Gracia. Desde el primer momento les...

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La triste historia del Gordo Balón, cuento de Petardo Contreras

04/08/2010

Hola, mi nombre es Ricardo Chester -mas conocido como el “Gordo Balón”- soy barrabrava de Boca. Tengo 97 años, separado, cinco hijos y uno en camino, tengo éxito en todo lo que hago pero esto no siempre fue así. Para que me conozcas bien debo nombrarte a mi padre Arnoldo Chester porque gracias a él mi vida es lo que es… Desde purrete siempre me gustaron los submarinos y mi sueño era ser astronauta, pero mi papa me decía que era un pelotudo y me llevaba de prepo a la cancha de Chicago para que me haga macho y argento (se corría la bola que era uruguayo). Tuve una infancia difícil, llena de mentiras y raras consecuencias por mis sueños negados. Cada vez que miraba el agua, papá pensaba que era por el tema del submarino y cada vez que miraba arriba se pensaba que era por el tema...

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Prejuicios, cuento de Er Tato

04/08/2010

Con las medias rebobinadas a la altura de los tobillos parecía aún más vieja de lo que era. Su piel blanca y tersa generosamente mostrada sin el menor recato contrastaba con el desaliño rancio de un porte rematado en unas viejas zapatillas de amar por casa. Le gustaban jovencitos, tímidos, soñadores, inéditos. Nunca repetía, siempre les pagaba con generosidad, los amaba con oficio, los despedía con dulzura, los olvidaba despacito. A María la llamaban la puta del quinto izquierda. ••• ESTE CUENTO PARTICIPA DEL CONCURSO “UN CUENTO EN MI BLOG”. Si te gusta, vota “pulgar arriba”; si no, puedes no votar o hacerlo “pulgar abajo” (si es que realmente te desagrada). Recuerda que tu voto es válido sólo si lo haces por alguna de esas dos alternativas, no considerándose a los fines del concurso las calificaciones con estrellas (con las que puedes calificar también, si te parece, así como...

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D. Amador y las Farolas, cuento de Arnau de la Torre

04/08/2010

Don Amador salió del café donde departía habitualmente con sus contertulios y comenzó a caminar por la calle Moratín hacia el norte. Era medianoche y se dirigía a casa. Había llegado soltero a la sesentena y vivía, completamente sólo, en un piso enorme de techos altos con adornos de talla, decorado tal y como lo había dejado su madre al morir. No había nada viejo pero todo era antiguo y extemporáneo. Desde las cortinas de terciopelo verde oscuro con pasamanería dorada en el borde que cerraban el pasillo y quitaban la luz que entraba por las ventanas hasta la tapicería del tresillo, de abigarradas flores multicolores sobre fondo rojo, pasando por la cocina de impolutos bancos de mármol y un cuarto de baño de bañera con patitas de león, todo era vetusto y parecía que el tiempo se había parado en un momento determinado de la vida de aquella...

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El cuento del polvo y los calzoncillos, cuento de Franquis

03/08/2010

Siempre me pareció curioso que mi madre limpiara el polvo de su habitación con los calzoncillos de mi padre. Por supuesto, usados el día anterior y dejados antes de acostarse en cualquier parte de la habitación. Cada mañana ella limpiaba fervientemente las mesas de noche, su cómoda, los cuadros ¡A golpes de calzoncillo !!, menos mal que estaban inmaculados ya que mi padre tenía la buena costumbre de ducharse varias veces al día. Pero, ¿Aquella acción poseía gotas eróticas ? o quizás algún tipo de desahogo rabioso enmascarado por la simple acción de limpiar. En mi pequeña mente pensaba que aquello encerraba algo más que la ardua tarea de limpiar, era su forma de sacar todo lo que llevaba dentro y no podía gritar, era su forma de transformar su ira por su infelicidad. Con el paso del tiempo traspasó sin saberlo ese ejercicio de limpieza  en mí y...

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Breve historia de la humanidad, cuento de Fernando Remitente

03/08/2010

Cuando las tropas romanas desembarcaron en Siracusa, Arquímedes suplicó a un soldado que no pisara los cálculos matemáticos que estaba dibujando en la arena de la playa. Éste, enfurecido, le atravesó con su espada. ••• ESTE CUENTO PARTICIPA DEL CONCURSO “UN CUENTO EN MI BLOG”. Si te gusta, vota “pulgar arriba”; si no, puedes no votar o hacerlo “pulgar abajo” (si es que realmente te desagrada). Recuerda que tu voto es válido sólo si lo haces por alguna de esas dos alternativas, no considerándose a los fines del concurso las calificaciones con estrellas (con las que puedes calificar también, si te parece, así como comentar). Recuerda también que puedes votar este cuento una sola vez, pero que puedes votar en la cantidad de cuentos que quieras. Estás invitad@ a seguir leyendo los textos participantes en el concurso desde el botón derecho del menú superior. Gracias! [ad#Banner referidos AffiliateFuture 468x60...

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El Beso, cuento de Ana Lorena Aguilar Sordo

03/08/2010

“Y la muerte no tendrá dominio. Aunque las gaviotas no griten más en su oído Ni las olas estallen ruidosas en las costas; Aunque no broten flores donde antes brotaron ni levanten Ya más la cabeza al golpe de la lluvia; Aunque estén locos y muertos como clavos, Las cabezas de los cadáveres martillearan margaritas; Se romperán al sol hasta que el sol se rompa, Y la muerte no tendrá dominio.” Dylan Thomas Cuando el halo de fuego se ahogó entre las aguas dejando una estela de sangre en el horizonte, el pueblo de Tal salió de cacería. Cada hombre con su antorcha, machete, pala o tridente se amontonaba en la fila, dispuesto a vengar el ultraje que se tendió como niebla sobre las casas que duermen arrulladas por olas. El párroco iba al frente, marchando como a pulso de tambores sin más arma que una Biblia; murmuraba el...

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No fear, cuento de Flor Selene G. Coss y Salas

03/08/2010

Eran las cuatro de la mañana, aún reinaba la oscuridad. García, como siempre en diez años de trabajo constante, había llegado muy temprano al vertedero, gustaba de mirar las cintas en una especie de meditación y sentido de dominio. La vista era la misma de todos los días, no era una vista que alguien le pudiera envidiar pero ciertamente era suya y por unas horas más sólo suya. Le gustaba el frío de la mañana que secaba sus mejillas e incrementaba sus arrugas prematuras, disfrutaba de la ausencia de ese tipo de ruidos del que se llena un lugar ocupado. Era un tipo solitario que no le gustaba compartir comentarios fuera de lo estrictamente laboral. Caminó un poco por las diferentes cintas, se detuvo cuando le pareció que debía detenerse, se recargó en los barrotes y se puso a mirar. Podía estar ahí todo el día, suspendido en su...

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