cuentos

El balcón, cuento de Felisberto Hernández

25/10/2012
Felisberto Hernández

Había una ciudad que a mí me gustaba visitar en verano. En esa época casi todo un barrio se iba a un balneario cercano. Una de las casas abandonadas era muy antigua; en ella habían instalado un hotel y apenas empezaba el verano la casa se ponía triste, iba perdiendo sus mejores familias y quedaba habitada nada más que por los sirvientes. Si yo me hubiera escondido detrás de ella y soltado un grito, éste enseguida se hubiese apagado en el musgo. El teatro donde yo daba los conciertos también tenía poca gente y lo había invadido el silencio: yo lo veía agrandarse en la gran tapa negra del piano. Al silencio le gustaba escuchar la música; oía hasta la última resonancia y después se quedaba pensando en lo que había escuchado. Sus opiniones tardaban. Pero cuando el silencio ya era de confianza, intervenía en la música: pasaba entre...

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Cómo encontrar a Tim Burton, cuento de Bernardo Monroy

22/10/2012
Cómo encontrar a Tim Burton

-Estoy seguro que Tim Burton querrá vernos –dijo Rafa-. Después de todo, parecemos personajes salidos de su imaginación. -Tenemos que darnos prisa, Burton sólo estará en Guanajuato durante el Festival de Expresión en corto –susurró Alicia. -Espero y no asustemos a la gente –terció Manuel. Quienes hablaban eran, respectivamente, una momia de Guanajuato con la mente de un muchacho de dieciocho años, el dibujo bidimensional al estilo de Edward Gorey de una bruja adolescente, de dos metros, tan delgada que era bidimensional y tan gris que no tenía otros colores en su piel y la cabeza humana flotante de un recién egresado de la carrera de ciencias de la comunicación, que sólo trabajó un mes en un periódico e inmediatamente después fue ejecutado por el crimen organizado… definitivamente, se trataba de seres muy burtonianos. Los días 26, 27 y 28 de julio de 2007, el Festival Internacional de Cine...

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La visión de don Túngano, relato de Frater Marcus

21/10/2012
Tríptico El jardín de las delicias de El Bosco

Este es el libro del virtuoso caballero don Túngano, de las cosas que vio en el infierno, en el purgatorio y en el paraíso según aquí verán. Era este don Túngano natural de una ciudad que era llamada Tierga. Era mancebo de edad de veinticinco años, era muy apuesto y muy hermoso sobre cuantos hombres en el mundo en su tiempo había. Estaba metido en el mundo que nunca tenía en mientes, ni se membraba de nuestro señor Jesucristo, ni curaba jamás de ir a la iglesia, ni dar a los pobres por Dios, ni los podía ver ante sí. Y tanto era metido en el mundo que no tenía otro vicio, salvo con las mujeres, y traerse muy galán y comer manjares de muchas maneras. Y en todas estas cosas y otras muchas era su vicio. De manera que pensaba que no había otro Dios, ni otra cosa,...

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Cangrejos, golondrinas, cuento de José Lezama Lima

08/10/2012
José Lezama Lima

Eugenio Sofonisco, dedicaba la mañana del domingo a las cobranzas del hierro trabajado. Salía de la incesancia áurea de su fragua y entraba con distraída oblicuidad en la casa de los mayores del pueblo. No se podía saber si era griego o hijo de griegos. Sólo alcanzaba su plenitud rodeado por la serenidad incandescente del metal. Guardaba un olvido que le llevaba a ser irregular en los cobros, pero irreductible. Volvía siempre silbando, pero volvía y no se olvidaba. Tenía que ir a la casa del filólogo que le había encargado un freno para el caballo joven del hijo de su querida, y aunque el ayuda de cámara le salía al paso, Sofonisco estaba convencido de que el filólogo tenía que hacer por la mano de su ayuda de cámara los pagos que engordaban los días domingos. Para él, cobrar en monedas era mantener la eternidad recíproca que su...

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En verdad os digo, cuento de Juan José Arreola

27/09/2012
Juan José Arreola

Todas las personas interesadas en que el camello pase por el ojo de la aguja, deben inscribir su nombre en la lista de patrocinadores del experimento Niklaus. Desprendido de un grupo de sabios mortíferos, de esos que manipulan el uranio, el cobalto y el hidrógeno, Arpad Niklaus deriva sus investigaciones actuales a un fin caritativo y radicalmente humanitario: la salvación del alma de los ricos. Propone un plan científico para desintegrar un camello y hacerlo que pase en chorro de electrones por el ojo de una aguja. Un aparato receptor (muy semejante en principio a la pantalla de televisión) organizará los electrones en átomos, los átomos en moléculas y las moléculas en células, reconstruyendo inmediatamente el camello según su esquema primitivo. Niklaus ya logró cambiar de sitio, sin tocarla, una gota de agua pesada. También ha podido evaluar, hasta donde lo permite la discreción de la materia, la energía...

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Axolotl, cuento de Julio Cortázar

22/09/2012
Julio Cortázar

Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl. El azar me llevó hasta ellos una mañana de primavera en que París abría su cola de pavo real después de la lenta invernada. Bajé por el bulevar de Port Royal, tomé St. Marcel y L’Hôpital, vi los verdes entre tanto gris y me acordé de los leones. Era amigo de los leones y las panteras, pero nunca había entrado en el húmedo y oscuro edificio de los acuarios. Dejé mi bicicleta contra las rejas y fui a ver los tulipanes. Los leones estaban feos y tristes y mi pantera dormía. Opté por los acuarios, soslayé peces vulgares hasta dar inesperadamente con los axolotl. Me quedé una hora mirándolos, y salí incapaz de otra...

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Podemos recordarlo todo por usted, cuento de Philip K. Dick

16/09/2012
Philip K. Dick

Despertó… y deseó estar en Marte. Pensó en los valles. ¿Qué se sentiría al caminar por ellos? Creciendo incesantemente, el sueño fue en aumento a medida que recuperaba sus sentidos: el sueño y el ansia. Casi llegaba a sentir la abrumadora presencia del otro mundo, que solamente habían visto los agentes del Gobierno y los altos funcionarios. ¿Y un empleado como él? No, no era probable. -¿Te levantas o no? -preguntó su esposa Kirsten, con tono soñoliento y con su nota habitual de malhumor -. Si estás ya levantado, oprime el botón del café caliente en el maldito horno. -Está bien -respondió Douglas Quail. Descalzo, se dirigió desde el dormitorio a la cocina. Allí, tras haber hecho presión, obedientemente, sobre el botón del café caliente, tomó asiento ante la mesa, extrajo un bote pequeño, de color amarillo, de buen Dean Swift. Inhaló profundamente y la mezcla Beau Nash le...

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Una familia feliz, cuento de Lu Xun

20/08/2012
Lu Sin

A la manera de Sü Chin-wen “Escribir sólo cuando uno se siente inspirado. Eso es de veras hacer obra de arte, una obra que, como la luz del sol, irradie de una fuente infinita de claridad y no simplemente la chispa que brota del roce de la piedra con el hierro; sólo entonces el autor es un verdadero artista. Mientras que yo… ¡escribir como lo he hecho!…” Cuando llegó a este punto de sus reflexiones saltó de la cama. Hacía tiempo que venía diciéndose que era absolutamente necesario escribir algo a fin de obtener un poco de dinero para la casa; aun más, había decidido por anticipado enviar su manuscrito a La Felicidad, revista mensual, porque pagaba mejor que otras publicaciones. Pero tenía que encontrar un tema conveniente, de otro modo podrían rechazar su trabajo. Bueno, iba a encontrar uno… “¿Cuáles son los problemas que inquietan a los jóvenes...

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La máscara de la muerte roja, cuento de Edgar Allan Poe

03/08/2012
Edgar Allan Poe

La Muerte Roja había devastado el país durante largo tiempo. Jamás una peste había sido tan fatal y tan espantosa. La sangre era encarnación y su sello: el rojo y el horror de la sangre. Comenzaba con agudos dolores, un vértigo repentino, y luego los poros sangraban y sobrevenía la muerte. Las manchas escarlata en el cuerpo y la cara de la víctima eran el bando de la peste, que la aislaba de toda ayuda y de toda simpatía, y la invasión, progreso y fin de la enfermedad se cumplían en media hora. Pero el príncipe Próspero era feliz, intrépido y sagaz. Cuando sus dominios quedaron semidespoblados llamó a su lado a mil caballeros y damas de su corte, y se retiró con ellos al seguro encierro de una de sus abadías fortificadas. Era ésta de amplia y magnífica construcción y había sido creada por el excéntrico aunque majestuoso...

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Horas penosas, cuento de Thomas Mann

28/07/2012
Thomas Mann

Se levantó del escritorio, un mueble pequeño y frágil; se levantó como un desesperado y se dirigió con la cabeza colgante al ángulo opuesto de la habitación, donde estaba la estufa, alta y alargada como una columna. Puso las manos en los azulejos, pero se habían enfriado casi del todo, pues era ya muy pasada la medianoche, por lo que se arrimó de espaldas a la estufa, buscando un bienestar que no encontró; recogió los faldones de su bata, de cuyas solapas sobresalía colgando una descolorida pechera de encaje, y resopló con todas sus fuerzas por la nariz, para proporcionarse un poco de aire, pues, como de costumbre, estaba acatarrado. Era un catarro realmente singular y fatídico, que casi nunca lo abandonaba totalmente. Tenía los párpados inflamados y los bordes de las narices completamente escocidos, y en su cabeza y en todo su cuerpo este catarro le producía el...

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ISSN 2313-9595
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