
Capítulo XXV Despertóme al amanecer el cuchicheo de los niños, que en vano se estimulaban a respetar mi sueño. Las palomas cogidas en esos días, y que alicortadas obligaban ellos a permanecer en baúles vacíos, gemían espiando los primeros rayos de luz que penetraban en el aposento por las rendijas. -No abras -decía Felipe-, no abras, que mi hermano está dormido, y se salen las cuncunas. -Pero si María nos llamó ya -replicó el chiquito. -No hay tal: yo estoy despierto hace rato, y no ha llamado. -Sí, ya sé lo que quieres: irte corriendo primero que yo a la quebrada para decir luego que sólo en tus anzuelos han caído negros. -Como a mí me cuesta mi trabajo ponerlos bien… -le interrumpió Felipe. -¡Vea qué gracia! Si es Juan Ángel el que te los pone en los charcos buenos. E insistía en abrir. -¡No abras! -replicó Felipe enfadado...

Entre el 25 de mayo y el 10 de junio se llevará a cabo la 71 edición de la 










