capítulo diario

María, novela (capítulo 25) de Jorge Isaacs

07/04/2012
Jorge Isaacs

Capítulo XXV Despertóme al amanecer el cuchicheo de los niños, que en vano se estimulaban a respetar mi sueño. Las palomas cogidas en esos días, y que alicortadas obligaban ellos a permanecer en baúles vacíos, gemían espiando los primeros rayos de luz que penetraban en el aposento por las rendijas. -No abras -decía Felipe-, no abras, que mi hermano está dormido, y se salen las cuncunas. -Pero si María nos llamó ya -replicó el chiquito. -No hay tal: yo estoy despierto hace rato, y no ha llamado. -Sí, ya sé lo que quieres: irte corriendo primero que yo a la quebrada para decir luego que sólo en tus anzuelos han caído negros. -Como a mí me cuesta mi trabajo ponerlos bien… -le interrumpió Felipe. -¡Vea qué gracia! Si es Juan Ángel el que te los pone en los charcos buenos. E insistía en abrir. -¡No abras! -replicó Felipe enfadado...

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María, novela (capítulo 24) de Jorge Isaacs

06/04/2012
Jorge Isaacs

Capítulo XXIV Llegó la hora de retirarnos, y temiendo yo que me hubiesen preparado cama en el mismo cuarto que a Carlos, me dirigí al mío: de él salían en ese momento mi madre y María. -Yo podré dormir solo aquí, ¿no es verdad? -pregunté a la primera, quien comprendiendo el motivo de la pregunta respondió: -No; tu amigo. -¡Ah! sí, las flores -dije viendo las de mi florero, puestas en él por la mañana y que llevaba en un pañuelo María-. ¿A dónde las llevas? -Al oratorio, porque como no ha habido tiempo hoy para poner otras allá… Le agradecí sobremanera la fineza de no permitir que las flores destinadas por ella para mí, adornasen esa noche mi cuarto y estuviesen al alcance de otro. Pero ella había dejado el ramo de azucenas que yo había traído aquella tarde de la montaña, aunque estaba muy visible sobre mi...

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María, novela (capítulo 23) de Jorge Isaacs

05/04/2012
Jorge Isaacs

Capítulo XXIII Carlos y yo nos presentamos en el comedor. Los asientos estaban distribuidos así: presidía mi padre la mesa; a su izquierda acababa de sentarse mi madre, a su derecha don Jerónimo, que desdoblaba la servilleta sin interrumpir la pesada historia de aquel pleito que por linderos sostenía con don Ignacio; a continuación del de mi madre había un asiento vacío y otro al lado del señor M***; en seguida de éstos, dándose frente, se hallaban María y Emma, y después los niños. Cumplíame señalarle a Carlos cuál de los dos asientos vacantes debía ocupar. A tiempo de enseñárselo, María, sin mirarme, apoyó una mano en la silla que tenía inmediata, como solía hacerlo para indicarme sin que lo comprendiesen los demás, que podía estar cerca de ella. Dudando quizá ser entendida, buscó instantáneamente mis ojos con los suyos, cuyo lenguaje en tales ocasiones me era tan familiar....

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María, novela (capítulo 22) de Jorge Isaacs

04/04/2012
Jorge Isaacs

Capítulo XXII Las instancias de los montañeses me hicieron permanecer con ellos hasta las cuatro de la tarde, hora en que después de larguísimas despedidas, me puse en camino con Braulio, que se empeñó en acompañarme. Habíame aliviado del peso de la escopeta y colgado de uno de sus hombros una guambía. Durante la marcha le hablé de su próximo matrimonio y de la felicidad que le esperaba, amándolo Tránsito como lo dejaba ver. Me escuchaba en silencio, pero sonriendo de manera que estaba por demás hacerlo hablar. Habíamos pasado el río y salido de la última ceja de monte para empezar a descender por las quiebras de la falda limpia, cuando Juan Ángel, apareciéndose por entre unas moreras, se nos interpuso en el sendero, diciéndome con las manos unidas en ademán de súplica: -Yo vine, mi amo… yo iba…, pero no me haga nada su mercé… yo no...

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María, novela (capítulo 21) de Jorge Isaacs

03/04/2012
Jorge Isaacs

Capítulo XXI Al día siguiente al amanecer tomé el camino de la montaña, acompañado de Juan Ángel, que iba cargado con algunos regalos de mi madre para Luisa y las muchachas. Seguíanos Mayo: su fidelidad era superior a todo escarmiento, a pesar de algunos malos ratos que había tenido en esa clase de expediciones, impropias ya de sus años. Pasado el puente del río, encontramos a José y a su sobrino Braulio que venían ya a buscarme. Aquél me habló al punto de su proyecto de caza, reducido a asestar un golpe certero a un tigre famoso en las cercanías, que le había muerto algunos corderos. Teníale seguido el rastro al animal y descubierta una de sus guaridas en el nacimiento del río, a más de media legua arriba de la posesión. Juan Ángel dejó de sudar al oír estos pormenores, y poniendo sobre la hojarasca el cesto que...

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María, novela (capítulo 20) de Jorge Isaacs

02/04/2012
Jorge Isaacs

Capítulo XX Mi madre y Emma salieron al corredor a recibirme. Mi padre había montado para ir a visitar los trabajos. A poco rato se me llamó al comedor, y no tardé en acudir, porque allí esperaba encontrar a María; pero me engañé; y como le preguntase a mi madre por ella, me respondió: -Como esos señores vienen mañana, las muchachas están afanadas porque queden muy bien hechos unos dulces; creo que han acabado ya y que vendrán ahora. Iba a levantarme de la mesa cuando José, que subía del valle a la montaña arreando dos mulas cargadas de caña-brava, se paró en el altico desde el cual se divisaba el interior, y me gritó: -¡Buenas tardes! No puedo llegar, porque llevo una chúcara y se me hace noche. Ahí le dejo un recado con las niñas. Madrugue mucho mañana, porque la cosa está segura. -Bien -le contesté-; iré...

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María, novela (capítulo 19) de Jorge Isaacs

01/04/2012
Jorge Isaacs

Capítulo XIX Había hecho yo algo más de una legua de camino, y bregaba ya por abrir la puerta de golpe que daba entrada a los mangones de la hacienda del padre de Emigdio. Vencida la resistencia que oponían los goznes y eje enmohecidos y la más tenaz aún del pilón, compuesto de una piedra tamaña enzurronada, la cual, suspendida del techo con un rejo, daba tormento a los transeúntes manteniendo cerrado aquel aparato singular, me di por afortunado de no haberme atascado en el lodazal pedregoso, cuya antigüedad respetable se conocía por el color del agua estancada. Atravesé un corto llano en el cual el rabo-de-zorro, el friega-plato y la zarza dominaban sobre los gramales pantanosos; allí ramoneaban algunos caballejos molenderos rapados de crin y cola, correteaban potros y meditaban burros viejos, tan lacrados y mutilados por el carguío de leña y la crueldad de sus arrieros, que...

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María, novela (capítulo 18) de Jorge Isaacs

31/03/2012
Jorge Isaacs

Capítulo XVIII Ya estaba yo listo para partir cuando Emma entró a mi cuarto. Extrañó verme con semblante risueño. -¿A dónde vas tan contento?-me preguntó. -Ojalá no tuviera que ir a ninguna parte. A ver a Emigdio, que se queja de mi inconstancia en todos los tonos, siempre que me encuentro con él. -¡Qué injusto! -exclamó riendo-. ¿Inconstante tú? -¿De qué te ríes? -Pues de la injusticia de tu amigo. ¡Pobre! -No, no: tú te ríes de otra cosa. -De eso es -dijo tomando de mi mesa de baño una peinilla y acercándoseme-. Deja que te peine yo, porque sabrá usted, señor constante, que una de las hermanas de su amigo es una linda muchacha. Lástima -continuó, haciendo el peinado ayudada de sus graciosas manos- que el señorito Efraín se haya puesto un poquito pálido en estos días, porque las bugueñas no imaginan belleza varonil sin frescos colores en...

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María, novela (capítulo 17) de Jorge Isaacs

30/03/2012
María, novela (capítulo 17) de Jorge Isaacs

Capítulo XVII Diez días habían pasado desde que tuvo lugar aquella penosa conferencia. No sintiéndome capaz de cumplir los deseos de mi padre sobre la nueva especie de trato que según él debía yo usar con María, y preocupado dolorosamente con la propuesta de matrimonio hecha por Carlos, había buscado toda clase de pretextos para alejarme de la casa. Pasé aquellos días, ya encerrado en mi cuarto, ya en la posesión de José, las más veces vagando a pie por los alrededores. Llevaba por compañero en mis paseos algún libro en que no acertaba a poder leer, mi escopeta, que nunca disparaba, y a Mayo, que me seguía fatigándose. Mientras dominado yo por una honda melancolía dejaba correr las horas oculto en los sitios más agrestes, él procuraba en vano dormitar enroscado sobre la hojarasca, de donde lo desalojaban las hormigas o lo hacían saltar impaciente los tábanos y...

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María, novela (capítulo 16) de Jorge Isaacs

29/03/2012
Jorge Isaacs

Capítulo XVI En la tarde del mismo día se despidió de nosotros el doctor, después de dejar casi completamente restablecida a María y de haberle prescrito un régimen para evitar la repetición del acceso, y prometió visitar a la enferma con frecuencia. Yo sentía un alivio indecible al oírle asegurar que no había peligro alguno, y por él, doble cariño del que hasta entonces le había profesado, solamente porque tan pronta reposición pronosticaba a María. Entré a la habitación de ésta, luego que el médico y mi padre, que iba a acompañarlo en una legua de camino, se pusieron en marcha. Estaba acabando de trenzarse los cabellos, viéndose en un espejo que mi hermana sostenía sobre los almohadones. Apartando ruborizada el mueble, me dijo: -Éstas no son ocupaciones de enferma, ¿no es verdad? pero ya estoy buena. Espero no volver a ocasionarte un viaje tan peligroso como el de...

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