Uno es un número solitario: vertiginosa novela de Bruce Elliot, por Mora Cordeu


Uno es un número solitarioUno es un número solitario, novela del norteamericano Bruce Elliot (1917-1973), se lee de un tirón, con sus personajes en fuga que se encaminan sin atajos a un destino inexorable.

“Los diez convictos se habían fugado cinco días antes. Cinco días y ya habían capturado a dos. Ahora quedaban ocho. Maldijo para sus adentros. Quedaban siete, porque él no pensaba volver, ni por asomo. Que esos imbéciles corrieran y se dejaran atrapar”, escribe poniéndonos a correr como el protagonista hasta el final.

Un camino que desde Chicago emprende sin pausas Larry Camonille, a pesar de faltarle un pulmón quiere recuperar esa vida que le quitó la cárcel de una bocanada, y sin pensarlo mucho se detiene en un pueblo de Ohio. Todo contado en una prosa desprolija y atrapante.

Primero se topa con Vera, una viuda que maneja un cadillac: “Parece que necesita que lo lleven. Su voz era sorprendente. El meticuloso maquillaje, el pelo oxigenado, las arrugas que le aureolaban los ojos, el cuidado con que erguía la barbilla para ocultar las arrugas del cuello, la costosa ropa interior que le ceñía el cuerpo dándole una semblanza de juventud…”

Y también con una chica de 14 años, Jan Bolling. “Ella no habló, sino que lo miró entornando los párpados. La franqueza de su apetito sexual era casi cómica, pero ella era demasiado excitante, y eso no tenía nada de cómico”.

El interés que despierta Camonille en las dos es el principio de sus desventuras, que tomarán velocidad al ritmo de una trama que no decae en ningún momento, a pesar de que como uno se imagina todo terminará muy mal. “Deprimido, llegó a una súbita decisión. Su único error había sido empantanarse en este escondrijo que se estaba volviendo demasiado peligroso para él. Nunca tendría que haber dejado de correr”, desliza el narrador.

En la época de la gran depresión surge la novela negra o hard-boiled en los Estados Unidos a través de relatos cortos que aparecen publicados en revistas pulp (por el papel de pulpa con que se hacían) baratas, escritas en un lenguaje directo, sin artilugios. Novelas en las que aparece con frecuencia el punto de vista de los personajes marginales o los detectives duros, violentos, que se desenvuelven en ambientes sórdidos, alejados del esteticismo de otros tiempos.

Antes de escribir Uno es un número solitario, que ahora publica La Bestia Equilátera con traducción al castellano de Carlos Gardini, entre 1946 y 1948 Elliot fue colaborador de ‘The shadow’ (La sombra), revista pulp con un personaje que luchaba contra el crimen, tuvo una incursión como guionista de televisión y también como mago, además de pergeñar varios manuales del género.

Aún sin traducir, Elliot tiene otras tres novelas policiales: You’ll die laughing (1945), Asylum Earth (1968) y The River in Grandfather’s Neck (1970). En noviembre de 1972, Elliott fue atropellado por un taxi y entró en coma, murió cuatro meses después.

Como adelanto, las primeras páginas de esta trepidante novela:

Descargar (PDF, 1.4MB)


Fuentes: Télam / La Bestia Equilátera

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