Freire sobre Nuestros huesos: “Escribí esta novela para hacer un poco de silencio”, por Dolores Pruneda Paz


Nuestros huesosEl brasileño Marcelino Freire presentó su primera novela, Nuestros huesos (Adriana Hidalgo), donde narra el derrotero emprendido por un dramaturgo paulista para repatriar el cuerpo de su joven amante asesinado, un taxi boy del nordeste de Brasil.

“Escribí esta novela para hacer un poco de silencio”, cuenta el pernambucano Freire, nacido en Sertania en el 65 y una de las voces portuguesas más innovadoras de la actualidad, ganador del premio literario Jabuti, el más importante de su país junto al Machado de Assis, con cuentos que conservan la cadencia musical de la oralidad nordestina, escritos para ser escuchados más que leídos.

La temática homoerótica de Nuestros huesos conserva esa sonoridad y juega con el policial, el romance y flasbacks que reconstruyen la biografía de Heleno Gusmao, el dramaturgo maduro  reconocido en San Pablo que decide transitar en reversa el camino que lo llevó a esa gran metrópoli para entregar los restos a la familia de su amante, en el interior más olvidado de Brasil.

“Me gusta mucho hablar `portuñol` porque me `deja` más heterosexual, ¡Es una lengua firme cabrón!”, juega Freire con las cadencias del lenguaje. No se anticipa, como en los `saraus` -encuentros populares de música y poesía que corren por su sangre nordestina y promueve en su adoptiva San Pablo- improvisa el ritmo, define melodías.

“Cuando escribo los cuentos sé que es mi mamá que está escribiendo, lo hago a los gritos, con su misma urgencia, y este libro es una aproximación a mi padre, que era más silencioso, más quieto”, desliza. “Este es un libro dedicado a mi papá, una figura extraordinaria y de pocas palabras aunque contundente, que tenía una característica muy loca, con todo respeto a su memoria, era un asesino de gatos y palomas y le cortaba las pelotas de fútbol a los niños en la calle, era un hombre odiado”, rememora.

Y cómo el Freire niño que jugaba a encontrar esos huesos en su jardín, el protagonista de la novela comienza a preocuparse por los huesos de sus amante, “de alguna forma con esta novela le estoy dando destino a esos cuerpos, estoy desenterrando los gatos y palomas que mi papá mató y pidiendo disculpas en su nombre”.

Durante diez años Freire sólo escribió cuentos y esta novela que comenzó a escribir en Buenos Aires, una ciudad a la que vuelve siempre que puede porque tiene tres cosas que ama, “cuatro -se corrige-: cafés, `librarías`, no hay laderas (como en San Pablo), es plana, y hombres bonitos”.

“No quería hacer de mi romance una colección de cuentos, quería una historia entera con distintos tonos”, dice, para lo que se ayudó con una gramática que usa “reiteradas comas que van cavando en el texto” como autor y protagonista al buscar los huesos, y un lenguaje que también muda, desde el presente en que busca la identidad y destino del cuerpo, hasta el pasado de su infancia en el interior y su llegada ilusionada a la gran ciudad.

“Este libro muestra más a San Pablo que del sertao (su desierto natal), para escribirlo recordé mi propia trayectoria pero no es autobiográfico digo yo, es autopornográfico, así percibo la ciudad, si bien soy la fuente de esta escritura, esta escritura es un río que arrastra muchas otras miradas y cosas a su paso”, concluye.


Fuente: Télam

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