La escritora nacida en Japón, proveniente de una familia belga, Amélie Nothomb, acaba de publicar Una forma de vida, un relato epistolar mordaz donde retrata dos males actuales: la obesidad como epidemia y la guerra en Medio Oriente.
Nothomb (Kobe, Japón, 1967) escribe tres novelas por año y sólo publica una. Una forma de vida es la número 19 que se traduce al español, publicada por el sello Anagrama.
Es una de las autoras con más foros en internet, tiene dos páginas en Facebook creadas por sus fans donde casi 50.000 personas siguen sus novedades literarias e incluso desde ese perfil dan la dirección postal para escribirle, y ella asegura que contesta a mano cada carta que recibe.
Es que Amélie –que vive actualmente entre París y Bruselas pero que pasó la mitad de su vida entre Japón y China– sentencia: “Mi relación con las nuevas tecnologías es cero. No poseo computadora y no sé cómo funciona. Nada de e-mails. Escribir a mano es más personal”.
Basada en esta experiencia escribe la ficción Una forma de vida. Ella misma es su personaje central: una novelista relativamente famosa que recibe cientos de cartas de lectores (que muchas veces detesta), hace giras y presenta libros, vive en París y se toma vacaciones en Bélgica, y finalmente se involucra -casi sin escapatoria- con Melvin Mapple, un soldado norteamericano obeso que le escribe desde el frente en Irak.
Las cartas entre la escritora y Mapple son el cuerpo central de la obra. En menos de 150 páginas, la ganadora en 2008 del Gran Prix Jean Giono pone en relación “la Historia del mundo con la pequeña historia de Amélie en su escritorio” y reflexiona a la vez sobre el cuerpo, el arte, la guerra y sus lectores.
“Quería saber por qué los soldados americanos en Irak eran tan gordos”, apunta en un manuscrito escaneado que envió a través de su editor a la agencia Télam, en la primera entrevista que brinda a un medio argentino.
Esa curiosidad sobre la extrema gordura es la puerta de entrada a su libro donde las historias del obeso en el frente hechizan a la ficticia Nothomb: primero, sus banquetes mortíferos (comer hasta reventar), después la cofradía que forman los “U.S.Army” gordos para defender su obesidad y, finalmente, el desquiciado desdoblamiento de la identidad de Melvin, con quien él mismo mantendrá una suerte de idilio interno.
La Amélie de Una forma de vida no tiene escapatoria, desea saber más, incluso ante las mentiras que descubre de su lector a lo largo de la correspondencia.
“Estoy segura que crearse una identidad es una necesidad de todos los tiempos. Todos necesitamos ficción, en especial sobre nosotros mismos”, argumenta sobre las falacias que crea Melvin para conseguir desesperadamente su atención.
Este intercambio hilarante y veloz pone a un cuerpo padeciente -Melvin aumentó 130 kilos desde que llegó a Bagdad- en el centro de la escena: “Regresas del combate en estado de shock, asombrado de seguir vivo, horrorizado, y lo primero que haces después de cambiarte los pantalones (nunca dejas de manchártelos) es abalanzarte sobre la comida”, le escribe el hombre desde Bagdad, destinado allí desde el principio de esta “jodida guerra”.
El soldado come compulsivamente, es como una droga que no puede abandonar, pero a la vez lo sostiene como un acto de rebeldía frente a su propio país, invasor y criminal.
“No hay ninguna razón para fantasear con ir a la guerra hoy en día, la guerra es tan aburrida como terrible”, dice su creadora desde Europa, y sentencia: “`Una forma de vida` es una declaración de paz, una declaración en contra del sistema de la guerra”.
En alguna parte de este epistolario –fatal por momentos– surge la idea de mostrar un cuerpo obeso uniformado como una obra de arte, sobre esto, la autora responde: “Me doy cuenta que el cuerpo se está convirtiendo en arte moderno. Cada pieza de arte necesita un contexto para que tenga sentido, es lo mismo para el cuerpo”.
Entonces, el cuerpo y la guerra: ¿son enfermedades de nuestros tiempos? “No, éstas son enfermedades eternas”, contesta contundente Nothomb, quien entre las líneas enviadas, según ella el primer intercambio postal con alguien de este país, admite una relación literaria con Argentina: “De sus escritores sólo conozco a Jorge Luis Borges, pero él es el mejor del mundo”.
Ya en un anterior libro, Biografía del hambre (2006), la autora –una ex anoréxica confesa– planteaba la experimentación del hambre en todas sus formas, pero en Una forma de vida el apetito desmedido es uno y es letal.
“El cuerpo debe ser como mínimo una parte del lenguaje en nuestras sociedades occidentales, pero tenemos cada vez más y más problemas para aceptar nuestros cuerpos”, opina.
Escritora prolífica, Nothomb es de las autoras más populares en lengua francesa. Entre sus libros se destacan Estupor y temblores, que recibió el Premio de la Academia Francesa y el Premio Internet otorgado por primera vez por internautas, al que le siguieron Metafísica de los tubos, El sabotaje amoroso, Cosmética del enemigo, Antichrista, Ordeno y mando y Diario de golondrina.
“Soy una novelista, una mentirosa honesta”, revela esta mujer aclamada por la crítica y los lectores, ellos con quienes confiesa finalmente tener “una relación como cualquier otra, muchos son mis mejores amigos”.
Leticia Pogoriles / Télam

El escritor catalán Luis Goytisolo ganó la 41 edición del Premio Anagrama de Ensayo por su obra Naturaleza de la novela, en el que plantea y desarrolla los aspectos fundamentales de la novela, como qué se entiende por ésta y cuáles son sus orígenes. El libro se publicará en mayo y Librerías –el otro ensayo finalista–, de Jorge Carrión, aparecerá en setiembre





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