El escritor y artista visual puertorriqueño Eduardo Lalo acaba de presentar en la FIL Buenos Aires su novela Simone, un relato que inaugura una colección sobre literatura caribeña en la Argentina, y que viene a sabotear los estereotipos sobre esa región desde un lugar crítico, el de “escribir para reivindicar el derecho a la tragedia”.
Si bien su reciente novela, publicada en Archipiélago Caribe del sello Corregidor, conjuga la desazón, la nostalgia y el misterio universal del amor, Lalo está feliz.
“Que esta colección abra con un texto mío sobre Puerto Rico es una alegría”, dice el autor, cuyas obras hasta hace poco tiempo circulaban en la Argentina a través de fotocopias.
“La literatura caribeña -sostiene- es un espacio cultural del cual se tienen estereotipos. Hay un imagen muy banal que es la típica del espacio de sol y playa, de que la gente es alegre, bueno mi obra viene a sabotear todas esas imágenes”.
Simone, un relato que tiene a la ciudad de San Juan como escenario central, con sus calles, sus bares, las luces y las oscuridades profundas, reflexiona sobre un amor a contrapelo, una historia sensual y misteriosa que sumerge al lector en la certeza casi física del protagonista, de no poder concretar lo que le parecía maravilloso.
Un hombre escribe sus pensamientos, camina, da clases cuando comienza a recibir una serie de mensajes anónimos con citas de clásicos. A partir de ese momento, una búsqueda incesante lo llevará hasta un encuentro que irremediablemente cambiará su vida.
Su obra se argumenta desde la sutileza del desgarro amoroso y transita dos recorridos fatales: el de entender una ciudad y el desenmarañar lo maldito del amor. “Somos humanos, traemos la tragedia y las mayores felicidades a las peores cosas”, desliza.
Lalo con su “geografía literaria” boricua viene a plantear una ruptura: “el realismo mágico, que tuvo muchos aciertos y potenció muchas cosas, nos convierte también en un estereotipo, ese que somos pobres pero felices y que llevamos la música por dentro. Son imágenes poco densas, ligeras”.
“Es importante ver otra cosa, escribo para reivindicar nuestro derecho a la tragedia porque la tragedia tiene una denominación de origen, es como que alguien la compró, pero no. Mi sociedad es terriblemente trágica por su historia y su osificación política aberrante. Es una economía dependiente que tiene enquistada la pobreza. Si no hay ayuda social, no hay nada que hacer”, analiza.
Lejos de las playas soleadas y las caderas sensuales que “perrean” al ritmo del reggaeton, Lalo lleva adelante una cruzada contra estos preconceptos del goce completo no sólo en su novela Simone, sino también en otros trabajos como Los países invisibles, Donde y Los pies de San Juan.
Y lo hace fundamentalmente desde su mirada de la capital boricua, un elemento clave en el imaginario del autor, quien escribe: “Otros las fundan, las construyen y dominan, pero los escritores son los que inventan las ciudades”.
La Buenos Aires de Borges, la Praga de Kafka o la Lisboa de Pessoa son algunos de los casos literarios con los que se identifica (y admira con desvelo) el puertorriqueño: “Hay muchas ciudades, pero pocas son literarias. En el Caribe está claro sobre La Habana, pero no con San Juan”.
Consultado sobre si viene a echar luz sobre esto, responde: “Es algo que me gustaría contribuir a hacer. El hecho de que estos libros hayan interesado fuera de las fronteras de mi país, me hace pensar que algo está pasando, que se está viendo esa ciudad como un espacio literario”.
Lalo es un hombre tranquilo, pausado pero contundente sobre la situación actual de Puerto Rico, que continúa siendo un estado dependiente de los Estados Unidos: “El gobierno -neoliberal hasta las eses- desearía que no existiera la industria editorial. Es anticultura y destructor. Quieren achicar la universidad, empobrecerla, privatizarla. A la escuela de Artes Plásticas le redujeron el 70 por ciento del presupuesto”, cuenta.
Sin dudarlo, considera como “catastrófico” este período y ofrece datos como: “La economía no crece desde 1974, se ha mantenido pidiendo préstamos, la deuda externa es de 46 mil millones de dólares y hay mucha gente que se ha ido en la última década”.
Y es en este punto donde se detiene, tanto en su obra como en su análisis. “Uno de los grandes héroes de la literatura del siglo XX es el exiliado, pero hay uno nuevo: `el quedado`. Aquel que no quiere, no puede o no tiene la oportunidad de irse. Esa figura es muy importante porque cada vez hay menos posibilidades de viajar y el mundo es el mismo en todas partes”. Este “principio ético” de permanecer, esta “poética de la aceptación” como la llama, es para Lalo otra gran ruptura.
“En una sociedad como la mía en la que estamos siempre al borde del abismo, es abismada y abismal y que no tiene la solidez de otros países, sino una percepción de fragilidad constante, es importante permanecer para romper ese círculo de silencio que sufre Puerto Rico y su cultura, algo que no es menor”, remata.
Leticia Pogoriles / Télam

El escritor catalán Luis Goytisolo ganó la 41 edición del Premio Anagrama de Ensayo por su obra Naturaleza de la novela, en el que plantea y desarrolla los aspectos fundamentales de la novela, como qué se entiende por ésta y cuáles son sus orígenes. El libro se publicará en mayo y Librerías –el otro ensayo finalista–, de Jorge Carrión, aparecerá en setiembre





[...] Eduardo Lalo, Puerto Rican author and visual artist, visited the fair on the occasion of the launch of his novel Simone, published by the well-established, medium-sized Argentine publisher Corregidor. Simone is the first book in Corregidor’s Archipiélago Caribe collection, which will focus on contemporary literary works by Caribbean authors, seldom published both in Spain and Latin America. [...]