Publican cuento inédito de Charlotte Brontë: La ingratitud (+ versión en castellano)



La ingratitudUn relato breve, hasta ahora inédito, de la escritora Charlotte Brontë (1816-1855), autora de Jane Eyre, fue publicado por el London Review of Books en inglés y en el idioma original en que fue escrito por la autora británica: el francés. Se trata de “L’ingratitude”, firmado el 16 de marzo de 1842 y redactado como una tarea impuesta por su tutor, el belga Constantin Heger.

Según informa el diario español El País, el archivista Brian Bracken encontró recientemente el manuscrito en francés con errores gramaticales y faltas de ortografía, en el Musée Royal de Mariemont, en Bélgica.

El texto, además de mostrar el estilo literario temprano de Brontë, pone de relevancia el amor prohibido que esta sentía por Heger, también encargado de la educación de su hermana Emily, escritora como Charlotte, y que por entonces era un hombre casado.

“Heger, a todas luces un profesor capaz y dedicado, ponía tareas a Emily y Charlotte basadas en los textos de los autores que había estudiado en clase”, explica Bracken en el London Review of Books.

“L`ingratitud bien podría estar basado en La Fontaine y Florian; de hecho `Le Rat qui s`est retiré du monde` del primero está en algún lugar detrás del texto de Brontë, donde toma parte de su vocabulario. La fábula de Florian `La Carpe et les carpillons`, acerca de los niños desobedientes y desconsiderados, también puede haber entrado en ella”, escribe el archivista.

El relato cuenta la historia de una rata despreocupada que, en vez de seguir los consejos de su padre, una rata sabia, se marcha al campo a vivir una aventura que acaba en tragedia.

En la web del London Review of Books, este relato se puede escuchar en la voz de la actriz Gillian Anderson, como así se puede leer en francés y en inglés.

A continuación, publicamos una versión en castellano del cuento de Brontë, traducido del inglés (cuya traducción del francés original fue realizada por Sue Lonoff) por Gloria E. Giménez para ZonaLiteratura.com:

La ingratitud

Una rata, hastiada de la vida de las ciudades y de las cortes (porque ya había jugado su parte en los palacios de los reyes y en los salones de los grandes señores), una rata a quien la experiencia había hecho sabia, en resumen, una rata que de cortesana se convirtió en filósofa se había retirado a su casa de campo (un agujero en el tronco de un olmo joven y grande), donde vivió como un heremita devoto dedicando todo su tiempo y cuidado a la educación de su único hijo.

La joven rata, quien todavía no había recibido aquellas severas pero saludables lecciones que la experiencia da, era un poco irreflexiva, los sabios consejos de su padre parecían aburrirlo, la sombra y la tranquilidad de los bosques, en vez de calmar su mente, lo cansaban. Creció impaciente por viajar y ver el mundo.

Una mañana, se despertó temprano, preparó una pequeña bolsa con queso y granos y, sin decir ni una palabra a nadie, el ingrato abandonó a su padre y a su casa paterna y partió hacia tierras desconocidas.

Al principio todo le parecía encantador, las flores eran más frescas, los árboles eran de un verde que él nunca había visto antes en su casa, y también vio muchas maravillas: un animal con una cola más larga que su cuerpo (era una ardilla), una pequeña criatura que llevaba su casa en la espalda (era un caracol). Después de un par de horas, se acercó a una granja, el olor de la cocina lo atraía, entró en el corral y entonces vio una especie de pájaro mágico que estaba haciendo un horrible ruido mientras marchaba con un aire temerario y orgulloso. El pájaro era un pavo, pero la joven rata lo vio como si fuera un monstruo, se asustó por su aspecto e inmediatamente huyó.

Llegando la noche, ingresó a un bosque, aburrido y cansado se sentó a los pies de un árbol, abrió su pequeña bolsa, comió su cena y se fue a dormir.

Al despertarse por el canto de la alondra, sintió sus miembros entumecidos por el frío, su dura cama lo lastimaba; en ese momento pensó en su padre, el ingrato se acordó del cuidado y la ternura de la vieja rata buena, y formuló promesas vanas para el futuro, pero era demasiado tarde, el frío congeló su sangre. La experiencia fue para él como una amante austera, ella le dio una lección pero también un castigo; estaba muerto.

Al día siguiente, un leñador encontró su cuerpo, lo vio como algo asqueroso y lo pateó sin pensar que ahí yacía el ingrato hijo de un amoroso padre.


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