Dos íconos: uno de las letras y otro el arte secuencial conforman esta novela gráfica, titulada Fagin, el judío.
Por un lado, tenemos a Will Eisner, que anualmente se entregan los premios del cómic en su nombre, considerados los “oscares” del medio. Por otro, Charles Dickens, el más insigne escritor de la Inglaterra del siglo XIX.
En 2003, Eisner publicó la novela gráfica que ahora nos ocupa, donde, de la misma forma que José Saramago hace con Caín, nos cuenta la vida y la versión de los hechos de Moisés Fagin, ese entrañable villano de Oliver Twist, que acogía niños en su techo y les enseñaba a robar. Lejos del personaje cruel y manipulador que nos presenta Dickens, Eisner le da un nuevo aire, para transformarlo en un hombre que sufrió una infancia difícil, a causa de los prejuicios hacia los judíos. El antisemitismo es uno de los principales temas de esta revisión del clásico, cuyas ilustraciones –señala Eisner en la introducción– quizá contribuyeron a fomentarlo, de la misma forma que en ocasiones los mismos cómics fomentan estereotipos negativos que perjudican a las minorías.
Desde las primeras páginas de la novela gráfica conocemos a su protagonista, que le habla al escritor: Soy Fagin. El judío de Oliver Twist. Esta es mi historia. Una que no se contó, que se pasó por alto en el libro de Charles Dickens. ¡Quédese un momento, señor Dickens, que el viejo Fagin le contará lo que de verdad sucedió y como pasaron las cosas!
Los padres de Moisés Fagin llegaron a Londres de la misma forma que muchos otros judíos: escapando de los países centroeuropeos. Abraham y Raquel fueron expulsados de Bohemia, y pusieron a su hijo a vender agujas y botones, y poco a poco, aprendió a estafar y a robar gracias a la experiencia de su progenitor. “en estos tiempos hay que hacer de todo para salir adelante” advierte el padre al hijo con respecto a la necesidad de hurtar. Así pasa su infancia y adolescencia el futuro villano de la novela decimonónica.
Muchas son las vivencias de Fagin durante su niñez y adolescencia, gran parte de ellas ligadas a la situación de antisemitismo, constante en aquella época. Desde una apuesta que gana su padre y no se la hacen valer simple y sencillamente por su raza, hasta afrontar a muerte de su padre tras una golpiza. Cuando el joven busca ayuda, la respuesta de los eminentes victorianos es que se trata de “una triquiñuela judía”. El tiempo se llevará también a su madre, dejándolo tan huérfano como el niño que años después conocerá. Moisés terminará viviendo en casa de un rico judío, Eleazar Salomón, quien con el paso del tiempo le enseñará el arte de la estafa. “¿Eso es un soborno, señor Salomón?” pregunta el muchacho a su nuevo jefe. “Eso es comercio” responde, y el fin justificaba los medios, pues Salomón movía todas sus influencias para permitir que los judíos menos favorecidos encajaran en la sociedad victoriana. Tampoco están fuera de lugar émulos de Scrooge: egoístas mujeres que quieren que la gente trabaje, en lugar de vivir de la caridad. “¡El único trabajo que se conoce en los suburbios es el de la delincuencia!”, arremete el joven Fagin.
Tras un lío de faldas, Fagin es despedido y comienza a vagar en los bajos fondos de Londres, al lado de los delincuentes y la escoria, de gente de la peor calaña, dedicándose a comprar, vender y remendar ropa usada, y a robar casas contra su voluntad, azuzado por compañeros suyos más experimentados –como años después haría él con Oliver-, por lo que es arrestado y llevado a una colonia penal. Allá aprenderá todos los trucos de un ladrón, para regresar a Londres diez años después, con estudios de posgrado en hurto. “Ya no era ingenuo, ni creía en el gran futuro”, recuerda.
Y es así como se convierte en el Fagin que todos leímos, el de el ladrón que ofrece cobijo a los muchachos a cambio de que robaran para él. “di a tus amigos que Fagin paga bien, y les ofrece cobijo si lo necesitan”… y que también les enseña a robar.
A partir de ese momento, Eisner vuelve a contar la historia de Oliver, pero desde la perspectiva de Fagin: “y así empezó mi relación con ese hijo del destino, como solían llamarlos”, evoca el personaje sobre Oliver Twist, y agrega: “lo recuerdo bien, era un chico con clase, cosa rara en aquellos días”.
La relación entre el anciano judío y el niño cobra un nuevo sentido en la historia, una digna producción del creador de The Spirit.
¿DICKENS ANTISEMITA?
No. Charles Dickens jamás fue antisemita.
Desgraciadamente, el también autor de “Canción de Navidad” se refiere a Fagin como “el judío”, pero sólo se trataba de un personaje más, sin ningún prejuicio que tuviera el autor. Incluso, en su libro “Historia de Inglaterra para niños” define las persecuciones de judíos como “crueles e inexcusables”, eso sin mencionar que criticaba el antisemitismo de Thomas Carlyle. En las ediciones posteriores de Oliver Twist, Dickens pretendió eliminar todas las referencias antisemitas, ya que recibió varios reclamos, entre otros, de Eliza Davis, la esposa de un acaudalado banquero judío… pero ya era demasiado tarde. Al igual que otros personajes de las letras de aquella época, Fagin ya había cobrado vida propia y se había escapado de las manos del genial autor, igual que lo hizo con la policía. Saltaba en el inconsciente colectivo al lado de Holmes, Drácula o Mr. Darcy.
A final de cuentas, Dickens siempre supo describir mejor que nadie la sociedad victoriana, como señala en la tercera edición de “Oliver Twist”, de 1841: Me pareció correcto presentar una serie de malhechores tal como son. Plasmarlos en toda su miseria, en toda la vil indigencia de sus vidas; mostrarlos según son (…) me pareció que presentarlo así, tal como era, era algo que había que hacer y era una manera de dar un servicio a la sociedad. Así pues, lo hice lo mejor que pude.
Y así fue. Prejuicios aparte, Oliver siempre será uno de los niños más famosos de le literatura, y Fagin su digno antagonista.

El escritor catalán Luis Goytisolo ganó la 41 edición del Premio Anagrama de Ensayo por su obra Naturaleza de la novela, en el que plantea y desarrolla los aspectos fundamentales de la novela, como qué se entiende por ésta y cuáles son sus orígenes. El libro se publicará en mayo y Librerías –el otro ensayo finalista–, de Jorge Carrión, aparecerá en setiembre





Excelente articulo¡¡
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